He visto desvanecerse mis ilusiones por momentos. He sentido que la impotencia y la rabia contenida se apoderaba de mi. Y casi me he acobardado de no superar las dificultades.He sentido pena y lástima por la gente sin escrúpulos, sin principios éticos o morales, por la gente que mata al mensajero que les lleva las nuevas de solidaridad y bienestar.Qué difícil habla, murmura, comenta. Y se manchan la lengua con palabras de mentira, rompiendo todo lo que tocan, dejando nauseabundos olores etílicos por donde pasan.
Dicen que el tonto es el que menos miedo tiene al ridículo. Pero hay pocos sabios y mucha gente con gran desparpajo, que afirman sin saber y presumen sin tener, que hablan sin decir nada, que se aprovechan de la buena gente, que incluso se rodean de seguidores fieles que acaban despeñándose en un mar de confusiones. Son sembradores de odios. Son nada. Y me dan pena.
“Obras son amores y no buenas razones”. Basta ver los que hace cada cual para conocer su verdadero prestigio. ¿Por qué hay gente que no hace ni deja hacer? ¿Por qué esos destructores salvajes de la dignidades humana, de la honradez, de la bondad? Son muertos de la sociedad, el último escalón hacia su propia destrucción.
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